Después de recoger el fruto, se prepara para la elaboración del “café crudo”, mediante un procedimiento en seco o húmedo. En el primer caso se dejan los frutos al sol, hasta que en su interior se desprende la semilla que luego se extrae. En el segundo caso, mediante operaciones mecánicas o fermentaciones se elimina la pulpa, entonces se deja la semilla aun recubierta por el tegumento para después eliminar este último mediante la trilla.

En ambos casos se obtiene el café crudo, generalmente de color amarillento.

Los granos se someten después a la “tostadura”, operación típica e importantísima que antiguamente se efectuaba en las casas. La torrefacción que desarrolla los principios aromáticos contenidos en el tueste se efectua llevando el café a 200 – 220 C. Esta temperatura hace caramelizar los azúcares contenidos en los granos de café y carbonizar, por lo menos en parte, la celulosa, confiriendo a los granos el característico color oscuro que conocemos.